2011 veces 1968

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*Publicado por Bernardo Gutiérrez en el blog de la revista Ajoblanco

La creatividad colectiva y las formas de hacer del ciclo de protestas de 2011 pasa página a mayo de 1968.

mayo68buenoCartelería producida en el Atelier Populaire de París, durante mayo de 1968

Al editor Mario Muchnik se le atragantó el “no hay pan para tanto chorizo”. En Sol visto desde mayo de 1968, un reportaje publicado en El País en junio de 2011, Muchnik le pedía “poesía” al incipiente movimiento 15M. Despreciaba las voces, formas y sensibilidades del mayo de 2011, apoyado en lemas del 68 francés como “seamos realistas, pidamos lo imposible”. “Es algo que falta en esta revuelta: crear un discurso artístico propio”, afirmaba el pintor Eduardo Arroyo en el mismo reportaje. Félix de Ázua, también protagonista, le daba consejos al movimiento desde su atalaya. Necesitan “dirigentes, estudio, planificación y programa”, sugería. Mario, Eduardo y Félix, lejos de ser la excepción, fueron la tónica de una intelectualidad española a la que el 15M pilló a traspiés.

Los hubo peores. Javier Cercas calificó a los participantes del 15M como nenazas y al movimiento, de mariconada: “Una revolución sería quemar el Parlament o tomar a sangre y fuego la Bastilla o el Palacio de Invierno, coño”. Cercas fue más allá: calificó al 15-M de “demagógico, populista, fanático, antipolítico y antisistema”. Quim Monzó invitaba a ir las urnas a “los campistas”, en despectivo artículo: “¿Eso de “Falta pan para tanto chorizo” cabe perfectamente en los 140 caracteres que pide un tuit, pero ¿qué pan proponen?”. La mayoría de los intelectuales recomendaba a los Indignados, qué hacer, qué demandas proponer. Les exigían un lenguaje único, un corpus teórico-poético centralizado, una vanguardia visible. Examinaban al 15M con la varilla de la revolución en mayúsculas. El 15M era un fracaso, argumentaban, porque ni se planteaba tomar el poder. Resulta paradójico, porque aplicando los mismos criterios de éxito-fracaso revolucionario, 1968 también naufragó. Curioso que una élite cultural aburguesada que abandonó hace décadas el espíritu de 1968 nadara en un océano de superioridad moral.

Luis Moreno Caballud, en su libro Culturas de cualquiera (Acuarela Libros, 2017) desmenuza este choque de trenes de las autoridades intelectuales del star system español y la ciudadanía quincemayista. Moreno Caballud describe dicho choque como “manifestaciones de ese conflicto entre la autoridad de los poderes culturales y la de “los cualquiera” que colaboran para impedir el monopolio de esos poderes sobre el sentido y la dignidad de la vida humana”.  “Lo que sorprende – apunta Moreno Caballud – es lo olímpicamente que ignoran todos la posibilidad de usar los canales abiertos por el movimiento para integrar cualquier propuesta”. Las autoridades intelectuales ignoraban las nuevas formas de hacer y una nueva sensibilidad de construcción de sentidos del 15M. Y desconocían absolutamente dónde y cómo nacían las voces, las estéticas, los lenguajes, los discursos, las narrativas, los imaginarios y, sobre todo, las prácticas quincemayistas. Una provocación: 2011 fue más importante que 1968. 2011 veces 1968. 3.957.648 veces más potente.

Mayo de 1968, ¿un fracaso?

La escritora Susan Sontag fue una de las primeras en denunciar cómo el capitalismo transformó en commodities los imaginarios de mayo de 1968. “Los pósters, incluidos los pósters revolucionarios están difícilmente exentos de esta regla de hierro de la cooptación”, escribió en su célebre ensayo Posters: Advertisement, Art, Political Artifact, Commodity en 1970. Mayo de 1968 no sólo había fracasado desde la lógica de la revolución clásica, sino que sus imaginarios estaban siendo absorbidos por el mercado. No es casualidad que el colectivo de diseñadores Grafus, surgidos tras la eclosión de 1968, acabaran separándose en 199 por su éxito comercial, tras recibir la propuesta de rediseñar el museo del Louvre, Grafus se partió. Hace diez años, la tienda de moda Paul Smith de Londres realizó una subasta ostentosade pósters del 68. La mercantilización también preside este quinquagésimo aniversario del 68. La subasta Mai 68 en 500 affiches, de la lujosa Artcurial, ha recaudado 161.291 euros vendiendo carteles anónimos. Sin embargo, la mercantilización no es ni el único ni el principal problema / fracaso que persigue al sesentayochismo. En el artículo Su mayo del 68 y el nuestro Slavoj Žižek y Miquel Seguró escudriñan cómo el capitalismo post fordista se apropió de la poética, la crítica y las propuestas de 1968: “La izquierda ha acabado perdiendo en su propia victoria: el adversario visible fue derrotado, pero en este tránsito se le ha dado tiempo para su nueva recomposición, para una nueva y potencial forma de dominación capitalista más sutil”.

El artículo de Slavoj Žižek y Miquel Seguró denuncia cómo el neoliberalismo se ha apropiado de muchas de las impugnaciones e imaginarios del 68. El espíritu de aquel mayo es ya parte de su sistema operativo: “La protesta de 1968 centró su lucha contra los que se percibían como los tres pilares del capitalismo: fábrica, escuela, familia. Como resultado, cada dominio se sometió a una transformación postindustrial: el trabajo en la fábrica se ha externalizado y se “ha reorganizado” a través del trabajo en equipo interactivo no jerárquico posfordista. La educación permanente, flexible y privatizada, ha reemplazado cada vez más a la educación pública universal. Por último, múltiples formas de modelos erótico-emocionales flexibles han ido reemplazando la idea de la familia tradicional”.

¿Fracasó, pues, el 68? Sería injusto afirmarlo. Sería un error garrafal usar los criterios de éxito La Gran Revolución que el star system español aplicó durante mayo de 2011 para proclarar que 1968 fue un fiasco. La principal característica del mayo del 68, según afirma Franco Berardi BIFO en Después del futuro, fue “una ampliación del campo de lo posible”. La intuición de 1968 fue una política del deseo , un bifurcación de la revolución política que toma el poder. 1968 dejó un legado de subjetividades que ha reconfigurado el mundo. Mayo de 1968 disparó líneas de fuga, encendió sensibilidades. Consolidó los derechos LGBT, la ecología como espacio de acción, el amor libre, el feminismo, el uso de drogas o crítica feroz contra cualquier tipo de colonialismo. Mayo de 1968, sus múltiples mayos, su eco checo, mexicano, californiano, francés, chino, español o argentino, dinamitaron los consensos sobre la realidad. Los mayos de 1968 supusieron un vendaval de heterodoxia y anti autoritarismo, de acción directa sin mediación y afectividad político-corporal. 1968 abrió la puerta a lo impuro, a lo bastardo, a lo anónimo, al deseo como motor de cambio social. 1968 dejó a su vez un visible conjunto de prácticas políticas, como el luminoso legado del situacionismo y la psicogeografía. Y se desdobló en 1977 en dos brotes libertarios mayúsculos, en  Bolonia y Barcelona. Especialmente vibrantes fueron las Jornadas Libertarias de Barcelona, que reconectaba el legado de anarquismos pretéritos con un espíritu de época rabiosamente transgresor.

Franco Berardi BIFO defiende la tesis de que el principal techo de mayo de 1968, especialmente del francés, fue el peso de 1917. Aunque las barricadas y las ocupaciones de París abrazaran el espíritu de la comuna de 1871, la Gran Revolución -sus criterios, lenguajes e imaginarios –  era la atmósfera de los años sesenta. A pesar de que la mayoría de los carteles surgidos de la ocupación del taller de la Escuela de Bellas Artes de París, bautizada como Atelier Populaire, eran anónimos y se cocinaron de forma colectiva, el peso de 1917 era demasiado fuerte. El Atelier Populaire funcionaba con las lógicas de las vanguardia artístico política. El suprematismo ruso dictaba el canon de la cartelería: los textos prevalecían sobre las imágenes. Y el peso de la lucha de clases y del 1917 era poderosísimo, algo totalmente paradójico para un movimiento que intentaba respirar fuera de los marcos del capitalismo industrial. La producción pictórica hacía referencia al poder popular, a la clase obrera, a la lucha contra el capitalismo. Incluso los lemas más poéticos, como “la belleza está en la calle” o “imaginación al poder” remitían a la forma de trabajar del poeta Vladimir Mayakoski en la comunista Agencia Telegráfica Rusa (ROSTA): “La revolución ha vertido en las calles el rudo lenguaje de millones de hombres (…) El lenguaje entra en una nueva era. ¿Cómo hacerlo poético?”.  En la Rusia de Mayakoski la poesía era una herramienta de extracción de sentido, de síntesis. Y en mayo de 1968, sobre todo en el francés, confluían todavía los rompeolas de las vanguardias artísticas y revolucionarias. Mayo del 68, aunque marcó el inicio de muchas cosas, fue el fin de un mundo. El desenlace de una época de grandes enunciados dialécticos y dicotómicos. Fue la última revuelta utópica. Las revueltas de 1977, la vitalidad libertaria de Bolonia y Barcelona, fueron las últimas secuelas de un 68 utópico e inacabado. En el caso la España que estrenaba democracia, la efervescencia y las libertades conquistadas se prolongaron unos años más, tal vez hasta 1982. España iba contracorriente, saboreando sus ansias utópicas, mientras la Europa post 77 iba sucumbiendo al no future del punk. Con la caída del bloque comunista, el fin de la historia proclamado por Francis Fukuyama intentaba imponer una realidad única: el neoliberalismo cocinado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan en la década de los ochenta.

mayo68desde2011Carteles de VocesConFutura.org

1968 desde Sol

Mayo de 1968 envejeció de golpe en mayo de 2011. En las plazas de 2011, la creación individual estaba al servicio de la colectiva. A diferencia de la centralización de la vanguardia del Atelier Populaire, los lemas y las estéticas del 15M emergían desde un emisor múltiple. Los carteles nacían de manera totalmente descentralizada. Se resignificaban en la esfera digital y en los encuentros corporales de las plazas. De esta manera, lemas como “no es una crisis, es que ya no te quiero” o “nuestra venganza será ser felices” hilvanaban un discurso de piezas fragmentadas. Y los mensajes dispersos se recombinaban saltando de escala, cocinando un poderoso meta relato atmosférico.

La cartelería del “ciclo plazas” se empezó a recopilar en VocesConFutura.org. Eran carteles rabiosamente creativos, coloridos, ácidos, sin autoría reconocida. Creaciones que desde la fragmentación iban aportando imágenes incompletas, aparentemente inconexas, que el nuevo movimiento de movimientos aprovechaba para arropar las prácticas políticas de su día a día. La creatividad del 15M fue un meteorito disruptivo para las propias tradiciones de las luchas obreras, populares y de izquierdas. El emisor, clarísimamente, no era la izquierda instituida. La cartelería de VocesConFutura.org bebía, eclécticamente y sin complejos, de la publicidad, de la ilustración, del cómic, del arte, del cine, del activismo. Paralelamente, nacieron dispositivos de creación colectiva como la Fundación Robo (música) o Asalto (literatura). En el hashtag de Twitter #Bookcamping, muchísimas gente compartía qué libros se llevarían a la acampada de su ciudad, dando pie al proyecto de biblioteca colaborativa bookcamping.cc.

El componente digital de 2011 es una de las principales diferencias con 1968. La existencia de Internet permitió el nacimiento de una infinidad de narrativas cocinadas en red, de abajo arriba. Las lógicas de funcionamiento de la red, como la remezcla, dieron pie a relatos corales y poliédricos. A veces, incluso en los territorios, como el cartel publicitario de la Puerta del Sol, que de L‘Oreal pasó a ser Democracia Real Ya. Internet permitió a su vez la existencia de identidades colectivas adaptables para cada ocasión. De Acampada Sol a Acampada Hospitalet o Acampada Burgos, las identidades vinculadas a un imaginario común dinamitaron el ritmo y alcance de la revuelta. Uno de los grandes misterios del 15M fue cómo una multitud (conectada) tan heterogénea consiguió prescribir sentidos comunes a un acontecimiento tan mayúsculo.

En la era de la velocidad, de los memes, de la fragmentación, ¿cómo es posible darle sentido a semejante magma? Posiblemente fuera la permanencia en el tiempo de las acampadas uno de los factores claves para la cristalización de ese sentido común frente a la realidad. Por otro lado, la inteligencia colectiva activada por el proceso 15M realizó un diagnóstico inapelable a la crisis financiera. El “no es una crisis, es una estafa” es un discurso en sí mismo. Un discurso / impugnación que declinado en diferentes lenguajes y matices se convierte en un marco simbólico que da sentido al resto de mensajes, subnarrativas y símbolos. La memesfera crea un rumor constante en torno a los debates, personajes o eventos políticos. Sin embargo, es una herramienta insuficiente para crear el mundo propio imprecisdinble que una revuelta necesita para sobrevivir a sí misma. Joss Hand, en su articulo El meme no es el mensaje, alerta sobre la insuficiencia de los memes. El meme cumple su función catársica y disruptiva, pero “se necesitan movimientos que puedan compromoterse a una contra ofensiva a largo plazo para influir la opinión pública”. El cuerpo colectivo del 15M, su ecosistema de plazas y de ágoras digitales, sus cuerpos afectados y sus emociones en red, las diferentes mutaciones de algo que nunca encajó con la definición clásica de movimiento social, construyeron el Universo de Significados de Fondo Más Allá de los Memes.

Es injusto comparar 2011 con 1968. Más todavía con las categorías de 1917. El ciclo plazas 2011 dibujó un imaginario sin memoria. Esquivando la cita con La Gran Revolución y la utopía en mayúsculas, el 15M se entregó a una sinfonía de microutopías en red, de presentes-frágiles-pero compartidos, de espacios comunes para ser habitados. El 15M anhelaba, más que tomar el poder, ser un dispositivo inacabado, un conjunto de prototipos imperfectos y colectivos. Proyectos y redes de solidaridad, espacios plurales y esquinas de convivencia para que la vida no doliera tanto.
Es injusto comparar 2011 con 1968, entre otra cosa, porque las plazas fueron continuidad y ruptura del 68. 2011 continuó algunos procesos sesentayochistas como el anonimato, la creación colectiva, nuevas sensibilidades o la política de los afectos. Y 2011 también rompió para siempre el 68, sobrepasando la definición tradicional de revolución, aterrizando en una nueva subjetividad política para la cual tal vez carezcamos de categorías. “Más insurgente; de movimiento, más que de partido; de flujo, más que de disciplina; de impulso, más que de finalidades”, apuntaba el filósofo Peter Pal tras el estallido del Movimento Passe Livre (MPL) de Brasil en 2013.

El ciclo plazas, a pesar de continuar los movimientos inconclusos de mayo 68, está enmarcado en la era que estrenó el zapatismo y el hacktivismo, la que se expandió con la antiglobalización. 2011 supuso, eso sí, un paso más para el altermundismo. Si la antiglobalización estuvo protagonizada por redes de activistas, por actores del tercer sector y por cumbres globales, como el Foro Social Mundial, el ciclo plazas visibiliza un nuevo sujeto político, el de las multitudes conectadas. “Será a partir de la Primavera Árabe cuando florecerá una potencia en red, desde espacios cotidianos y no necesariamente antagonistas, abierta a la intervención de cualquiera, sin credencial activista y sin la mediación del medio masivo o el medio radical”, escribe Guiomar Rovira, en su libro Activismo en red y multitudes conectadas.

Plazas, afectos, remezcla, redes, inteligencia colectiva, Twitter, auto gestión, retaguardia. “Vanguardia es épica, barricada, primetime, tiempo único, unilateralización. Retaguardia es cotidiano, la cena de esta noche, la conversación en el bar y en la parada del autobús, el nuevo AMPA que estamos creando en la escuelita de mis hijas… Retaguardia es cada una de las prácticas, grandes y pequeñas que contribuyen a alimentar, recrear, revivir el clima de la revuelta”, afirmaba Carolina León en el blog Al final de la Asamblea, en diciembre de 2012. Y justo en las rendijas de la retaguardia, 2011 brilla y desluce a aquel otro mayo grandielocuente. Brilla, 2011 veces 1968, con la tonalidad vívida de 3.957.648 plazas. Y justo en todo lo que no entendieron las autoridades del star system español reside la belleza del ciclo inacabado de las plazas. “El movimiento se asemeja a la red – afirmaba Douglas Ruskoff para definir a Occupy Wall Street -. En parte, porque es difícil de conceptualizar, por su estructura entre iguales. Por su capacidad de tolerar que no haya un final, y sí una serie de conexiones. Cada conexión es un nuevo comienzo hacia algo nuevo, y se despliega y se despliega, como la vida misma”.

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