Cuando la alcaldesa es una máscara de la multitud

4 months ago by in municipalismo Tagged: , , , , , ,

*Texto publicado en EL LIBRACO. Al final ganamos las elecciones, editado por el Movimiento de Liberación Gráfica de Barcelona (MLGB) y Movimiento de Liberación Gráfica de Madrid (MLGM), en colboración con Madrid con Manuela. Compra el  libro aquí.

El 19 de mayo, el hashtag #SomosManuela explotaba en Twitter, se convertía en Trending Topic en España durante varias horas. Daba la vuelta al planeta, lleno de ilustraciones buenrollistas. El chute de empoderamiento colectivo, navegando sobre el #SomosManuela, acababa de sobrepasar la última frontera de la campaña: el control de Ahora Madrid sobre la misma. Era oficial: había llegado el desborde. Nadie, ni dentro de la máquina oficial de la campaña de Ahora Madrid ni entre los que se habían sumado desde fuera, controlaba más el meteorito. Cualquier intento de control sobre la creatividad e interferencias de la multitud en la campaña de las elecciones municipales era ya inviable. Los medios de comunicación de Madrid y la propia Manuela Carmena interpretaban todo de forma unilateral: la ciudad de Madrid se rendía a una candidata valiosa, con gracejo, historia y visión de futuro. El devenir del hashtag #SomosManuela, un par de días después de la tormenta emocional del Trending Topic, brindaba una clave en la dirección opuesta. Clave que pasó desapercibida, faltaría más, para el bien pensante establishment progre:

 

El tuit de Madrid Con Manuela (@madconmanuela) invitaba a ser Manuela, pero de una manera inusual. Presentaba un ecléctico conjunto de máscaras carnavalescas de Manuela Carmena: desiguales, incompletas, re-apropiables. El tuit conducía a un callejón (con salida) de Facebook, en donde un parrafito presentaba las máscaras manuelistas: “Atrévete a ser Manuela. Ponte la máscara del bien común. Ponte una máscara manuelista. Sal a la calle. Ponte la máscara del cambio en tus perfiles en Facebook, Twitter, Instagram”. Manuela, dentro de la máscara, no era Manuela: éramos todas. Manuela era un relato coral e inacabado, una historia abierta, modificable por cualquiera. Especialmente disruptiva fue la comunidad de Facebook Doy mi cara por Manuela que incentivaba el cambio de las fotografías de los perfiles personales por ilustraciones o fotos de Manuela Carmena. Todas éramos Manuela: un sueño inacabado, imperfecto, colectivo, emocional.

A pesar de que desde la campaña oficial se había lanzado un vídeo en la dirección de la “candidata apropiable”, titulado Alcaldes Vosotrs, no había explotado lo suficiente. La plataforma AhoraManuela.org, también de la campaña oficial, usaba la idea Ahora Tú. Pero el lugar de enunciación de ambas, el adentro de la campaña institucional, impedía que quienes se estaban acercando al manuelismo lo abrazaran sin tapujos. Seguía habiendo muros, brechas, arribas-abajos, centro. En Barcelona, el vídeo El Run Run, de Ivan Lagarto, se pegaba en el cerebro, hacía bailar y sonreir, pasaba de whatsapp en whatsapp, sonaba en la radio, con Ada Colau desternillándose. El run run era defender un rumbero bien común, y punto. La campaña oficial de Barna también estaba atravesada por afueras, multiplicidades, deseos, transversalidades y gamberrismo en la línea del unofficial-official de Las reglas de Internet donde nació la identidad colectiva de Anonymous. Pocos sospechaban que el municipalismo tomaría el poder unas semanas después en algunas de las principales ciudades de España, entre ellas Madrid y Barcelona. Por ello, bucear en el magma creativo, ciudadano, gráfico y emocional que propició el tan citado “desborde’ runrunesco-cuántico es un deber. La historia en mayúsculas está en los detalles. En los paisajes, en los márgenes donde no escríben los líderes o las alcaldesas. El deber de contarlo es doble cuando diferentes facciones, especialmente en Madrid, se auto proclaman responsables del éxito de las candidaturas municipalistas. ¿Habría bastado con esa suma asimétrica y molona de Podemos, Ganemos, disedentes de Izquierda Unida, Equo o la propia Manuela Carmena para asaltar el ayuntamiento de Madrid?

La mejor respuesta es una serie de preguntas: ¿Cómo se produjo el desborde? ¿Fue casual o planeado? ¿Quiénes buscaron la pérdida del control? ¿Habría sido posible el desborde desde las campañas oficiales?

Dispersión afinada en el mismo tono

Dos años después de la ocupación de las plazas del 15M, tras un maratón de asambleas poliédricas y de muchos frustrados intentos de consensos, apareció la web de un misterioro Comité Disperso, con un lema-mantra: “Se puede ser no siendo”. El Comité Disperso reivindicaba la dispersión como “forma organizativa” y apostaba por no centrarse en las estructuras, sino en el proceso, para posibilitar “confluencias temporales y consiguientes alejamientos…”. El final de su presentación al mundo anticipaba algunas de las claves del ensamblaje comunicativo que ocurrió en la recta final de las campañas municipalistas, especialmente en Madrid: “Se puede estar sin estar siempre. Se puede ser sin ser lo mismo. Se puede participar sin que implique casarse con nadie, ni dejar de tener vida propia”.

La irrupción inicial del Movimiento de Liberación Gráfica de Barcelona (MLGB) y del Movimiento de Liberación Gráfica de Madrid (MLGM) cumplió un papel vital: desajustar la campaña, redibujar el tablero de juego, ampliándolo. Y más importante todavía: comprobar que existían otros lugares de enunciación de la campaña. El afuera, con sus capas quincemayistas de redes y emociones, entendió el recado. La incorporación de Madrid Con Manuela, además de reforzar el afuera como lugar de enunciación política, acabó de configurar la polifonía que el ruso Mihahil Batjin define como un “discurso que incorpora otros discursos”, una narrativa de muchas capas, sonoridades, que retroalimenta espirales, fugas.

Si los movimientos de liberación gráfica consiguieron con creatividad ácida legitimar nuevos lugares de enunciación de la campaña, Madrid con Manuela consiguió encontrar el tono y el metalenguaje para Madrid, algo que Barcelona había conseguido unas semanas antes. Encontró el tono que la campaña oficial de Ahora Madrid no había encontrado. Un tono positivo, agregador, deseante, lleno de horizontes, en el que cabían múltiples creatividades. Bajo el paraguas del nuevo tono, que completaba y equilibraba el gamberrismo de los MLGB / MLGM, se podía dibujar círculos sobre el agua. El color y aroma del Himno a Manuela Carmena, mi alcaldesa, una adaptación rumbotrónica-easylistening-canción Manuela, en el que Belén Coca remezclaba el clásico de Julio Iglesias, contenía los latidos del nuevo tono. La canción oficial de Ahora Madrid, compuesta por el futuro concejal Nacho Murgui, dejó de ser el epicentro. Al lado del Himno a Manuela Carmena, mi alcaldesa y de muchas canciones nuevas que vendrían esos días, el tema oficial era una nota más en una polifonía mayor, coral, descentralizada.

El evento FIESTÓN por la democracia en Madrid, creado en Facebook desde el entorno de Madrid con Manuela, acabada de redondear el tono y espíritu del desborde. Convocado para el domingo 24 a las 22.00 horas, invita a bailar en cada plaza, a bailar por Manuela: “El #runrún ya manda señales. Nuestra venganza será ser felices. El próximo #24M comienza el cambio. Baila en tu plaza. Baila por Manuela. Ve con amigos. Lleva confeti. Y purpurina. Un ingrediente básico: ilusión. El FIESTÓN durará cuatro años (y los que vengan)”. Bebiendo transversalmente del “si no puedo bailar esta no es mi revolución” de Emma Goldman, el FIESTÓN suponía un rapapolvo a la política clásica. La playlist del FIESTÓN por la democracia, unofficial-oficial, hecha de forma colaborativa en el perfil Mc Manuela de Spotify, pedía pista, baile, purpurina.

Y una vez que la multitud, el coro mediático, la campaña oficial y los comentaristas del establisment sonreían incrédulos ante el manuelismo, llegaba la vuelta de tuerca del #SomosManuela: el desborde. Perder el control nunca es fácil. Siempre es un riesgo. Un desafío. Perdiéndolo antes de tiempo, todo se puede desinflar, desaparecer, dispersarse sin ninguna conexión. Sin embargo, una vez que se tiene el tono, un suelo común en el que todo suena afinado, estamos preparados para perder el control. El municipalismo lo consiguió. El desborde ensambló un denso ecosistema de nodos dispersos bajo un nuevo marco simbólico, un tono entusiasmante y nuevos rincones de enunciación política. Todos éramos Manuela y Ada. Y el mundo temblaba cada vez que empuñábamos un cartel municipalista en nuestro Twitter o en una plaza.

Prototipos, identidades mutantes

Felipe Gil y Francisco Jurado, en el texto Desbordarse para ganar, esbozan esta nueva realidad que va más allá de los spin doctors políticos, los consultores y los gabinetes de los partidos. En su texto hablan de narrativas inclusivas e inacabadas. De prototipos abiertos, tan habituales en la denominada cultura hacker, en la que todos pueden modificar el plan, añadir líneas código y fases a un proceso colectivo. El producto – una web, un programa – pasa a ser un proceso, un prototipo eternamente inacabado, en constante estado de mejora. No hay modelo, pero tenemos prototipos. Felipe Gil y Francisco Jurado hablaban también de identidades mutantes, remezclables, apropiables. Manuela no era una identidad cerrada, única. No era tan diva como pensaron los medios de comunicación o la propia Manuela. Y las máscaras de Manuela que recorrían la red a velocidad de la pólvora, eran más que Manuela. Eran Manuela + 1, +1000, Manuela + otras identidades, sensibilidades. Colocándose esa máscara en el perfil de Facebook o en la cara, la ciudadanía iba dando forma a un cuerpo colectivo, a una nueva máscara de la multitud. Dejarse invadir y confiar en una construcción colectiva y descontrolada”, matizaban Gil & Jurado.

A su vez, la filosofía del boca a boca más clásico, que encaja totalmente con el denominado peer-to-peer, entró en juego. El peer-to-peer que conecta nodos en una red no centralizada, en el que todos pueden relacionarse con todos sin pasar por ningún centro, explotó en la primavera municipalista, especialmente en el sprint final madrileño. La famosa topología de red distribuida era eso: de par a par, de boca a oreja, de bicicleta a bicicleta (bici2bici), todos con todos, de forma transversal. Madrid con Manuela lanzó varias iniciativas para convencer de forma personal a amigos y familiares. La primera fue 1=10: recluta para la causa a diez personas. Cada nodo, iba involucrando a otros nodos. No había centro ni necesidad de pasar por Ahora Madrid. La lista de acciones distribuidas, que ignoraron el epicentro de lo “oficial”, sería infinita. Todo fue un boca a boca en red, analógico, digital, transmedia, sensual, multiplataforma.

Chuck Norris hostia a Espe

Al final del 19 de mayo, el mismo día en el que el #SomosManuela reinaba en los asuntos más hablados en Twitter de España, apareció en You Tube un vídeo titulado Chuck Norris, hasta el gorro de la prepotencia de Esperanza Aguirre, creado por un usuario particular. En el vídeo, subido horas después de debate televisivo entre Esperanza Aguirre y Manuela Carmena, Chuck Norris comienza a irritarse con “la hipocresía y manipulaciones de Esperanza Aguirre” durante el debate. Al final, harto de Espe, Chuck Morris entra en la campaña manuelista destrozando la televisión (y a Espe). El vídeo es una remezcla de un pedazo de una peli clásica protagonizada por Chuck Norris. El vídeo rozaría la ilegalidad, aplicando las leyes de propiedad intelectual. Y es totalmente inasumible por una campaña política oficial. El adentro nunca se atrevería a hacer algo así.

Y es que la remezcla, una de las características de la convergencia cultural que Henry Jenkins definió hace más de una década, fue constante durante el desborde.Remezcla, copia descarada, cortapeguismo, creación-collage, alteración de códigos, cambios de sentido, desviaciones, detournement, culture jamming. Inteligencia colectiva. Valía todo. Un único límite: la imaginación. Las remezclas se incorporaron con desparpajo a la polifonía del desborde. Y de qué manera: La libertad guiando al pueblo de Delacroix versión castiza, portadas de discos de los Sex Pistols con Manuela, carteles de películas famosas, personajes de Star Wars apoyando a Ahora Madrid… Un diseño, en el que se veía a Manuela Carmena con metralletas, con fondo de montañas alpinas a lo Heidi, rozaba lo esperpéntico: también era inasumible por ninguna campaña oficial. Las diferentes piezas creativas – unas creaciones originales, otras remezclas de iconos comunes – fueron configurando una nueva capa de memes que ponían el engranaje a rodar en direcciones inesperadas.

La memética, con sus toneladas de virales e idas-de-pelota, hacían funcionar la campaña de otra manera. Creó un nuevo sentido compartido a la recta final de la campaña. Y los mensajes oficiales, los programas municipalistas, ideas de fondo repetidas con mucha solemnidad por los candidatos, salían reforzados. Joss Hand, en su articulo El meme no es el mensaje, alerta sobre la insuficiencia de los memes y virales para la consecución de objetivos sociales o políticos. El meme cumple su función disruptiva pero, en palabras de Joss Hand, se necesitan movimientos alternativos que puedan comprometerse a una contraofensiva a largo plazo para influir la opinión pública. Las campañas de la #ManuelaManía diseñaron una capa de memes e iconos a largo plazo extremadamente efectiva, que se complementaban con los mensajes oficiales. Julio Iglesias proyectado en una pared pidiendo el voto para Manuela es un meme que romp el disenso contra Ahora Madrid e hizo visible la nueva esfera de significados, propuestas y expectativas escondidas por el telón de los grandes medios de masas.

La ciudad como sujeto político

El día 19 de mayo se celebró un mitín poético en la plaza de Tirso de Molina de Madrid. La estampa, transformando la plaza en ágora poética, era/es/será una metáfora superlativa del desborde: “No lo reflejaron ni los responsables de comunicación de Ahora Madrid, ni comentaristas, ni opinadores, con la Plaza de Tirso de Molina abarrotada escuchando poemas, sin discursos electorales pero con contenidos muy políticos”, asegura tras las elecciones Rubén Caravaca, vinculado a la asamblea Austria del 15M, después a Ganemos Cultura y ahora a Ahora Madrid Cultura. Y es que el camino al MundoReal (TM), según un ya mítico artículo de @Ciudadano_Zer0, es arduo. Pensar que una viralización en las redes digitales es suficiente para ganar una campaña es un espejismo. Si solo llegas hasta aquí, no estás consiguiendo una verdadera viralidad sino simplemente endogamia, afirma @Ciudadano_Zer0. El desborde municipalista, con las linternas intuitivas de la inteligencia colectiva, encontró el camino al MundoReal (TM), a la ciudad, a sus calles, bares y plazas. La campaña oficial ni siquiera se enteró de muchas de las acciones territoriales. Personas con letras gigantes de Manuela recorrían la ciudad. Los #ProyectoresConManuela estampaban imágenes de la candidata de Ahora Madrid por las paredes, algunas incluso en la casa de la archienemiga Esperaza Aguirre. Madrid con Manuela organiza sprints para empapelar paredes, procesiones con creaciones gráficas. Se creó incluso un mapa digital llamado Manuela y tú, donde se mapean acciones por Manuela. Las calles de las ciudades de España eran una plataforma comunicativa más, complementaria a las digitales.

Mitopoiesis: la disrupción como fiesta

La ciudadanía transformó a Manuela Carmena, Ada Colau y el resto de candidatos confluyentes en un deseo-cuerpo común. La ciudadanía creó una marea de mitopoiesis, ese proceso de creación colectiva de mitos tan difícil de encontrar. “La campaña pro Manuela es un relato que no hubiera aceptado otro emisor que la propia ciudadanía, no podría haber sido gestionado por una estructura al uso”, comentaba un amigo del manuelismo, meses después del milagro. Por eso, cuando alguien de PODEMOS, de Ahora Madrid, de Ganemos, del Patio Maravillas, de Izquierda Unida o de Equo, se atribuyan el monopolio del éxito de la campaña, lo mejor es sonreír y colocarse una máscara de Manuela. O de Chuck Norris. Decidle que sí, que fuistéis importantes, pero la campaña la ganamos todas. Tampoco tendría sentido achacarle el triunfo a los desbordes gráficos. Eso: fuimos todas.

Un párrafo del libro Mitologías de Roland Barthes, que describe la subida del río Sena a su paso por París en los años cincuenta, sirve de metáfora de las disrupciones subjetivas de la era red, que tienen en el desborde municipalista un ejemplo vivo. La disrupción como fiesta, como celebración ritual, como marea que transborda, desborda y resideña la arena de la realidad: “Toda ruptura un tanto amplia de lo cotidiano introduce a la fiesta. Así, la crecida no sólo eligió y descentró algunos objetos, si no que trastornó la cenestesia misma del paisaje, la organización ancestral de los horizontes: las líneas habituales del catastro, las cortinas de árboles, las hileras de casas, las rutas, el propio lecho del río, esa estabilidad fundamental tan bien preparada por las formas de la propiedad, todo fue borrado, lo rugoso fue convertido en suave planicie: no más vías, ni orillas, ni direcciones; una sustancia plana que suspende el devenir del hombre”.

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