Daniela Elías: “Las feministas no han logrado articularse fuera de sus subespacios”

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Daniela A. Elías es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”. Actualmente trabaja en la ONG Infante – Promoción Integral de la Mujer y la Infancia en el programa de Prevención de la violencia de género y generacional. Es responsable, en la misma institución, de la Escuela de Generación de Saberes (EGES) y editora de la revista digital Mulier Sapiens. Fundadora y directora de la editorial de traducciones franco- boliviana Babel Cartonera. Co-fundadora y miembro de la gestora cultural La Mamá Grande.

Actualmente, dicta también conferencias y talleres sobre literatura. Fue becada por la Organización de Estados Americanos en el año 2010 y asistente de español en Francia ese mismo año. El 2013 fue invitada por el Centro Hispano Croata para dar una conferencia en Zagreb, capital de Croacia. Tiene publicaciones en antologías de cuentos, boletines y revistas literarias, y periódicos.

En esta entrevista, que forma parte del proceso de investigación #tecnopolíticaLATAM que realizo para OXFAM, Daniela analiza algunas causas emergentes en Bolivia, la transversalidad de dichas causas y el papel de las tecnologías digitales.

¿Cuáles son los principales frentes de luchas en los últimos años en Bolivia?

Considero que entre los más importantes frentes, o más bien causas, están las relacionadas a los derechos de las mujeres (esto incluye trabajadoras domésticas y, por supuesto, trabajadoras sexuales), de los animales (considero que es, sino el más, uno de los más nuevos en nuestro contexto), y de la naturaleza (que tiene que ver con la soberanía alimentaria y la protección de la fauna y la flora silvestres). Los últimos años, los movimientos de diversidades sexuales también han adquirido bastante representación y visibilización. Son los frentes emergentes, diría yo.

Claro que los sectores del comercio, el transporte y servicios, se mantienen siempre al día respecto a sus peticiones. Dentro de ello, ha habido una importante resonancia de los colectivos de niños y niñas trabajadoras que quieren que se los deje trabajar, pero exigen medidas estatales para prevenir situaciones de explotación y maltrato.

Considero que una de las tensiones más importantes a analizar es aquella que existe entre La Ley de la Minería y la Ley de los Derechos de la Madre Tierra. La explotación desmedida de las minas no sólo es un atentado contra la tierra, sino además ha cruzado la frontera invadiendo los derechos de soberanía alimentaria, del derecho al agua (conseguido durante una dura movilización civil en abril del año 2000) y la subsistencia digna de los pueblos campesinos indígenas y originarios y, además, ha aumentado los niveles de violencia (especialmente violencia sexual) en estas comunidades. Esta es una tensión que aún continúa y, desde el Estado, es la minería la que está favorecida mientras estos pueblos indígenas están siendo víctimas de una suerte de invisibilización.

¿Cómo dialogan las diferentes causas sociales y políticas? ¿Existe transversalidad en dichas causas?

Algunas causas se han logrado articular, por ejemplo, aquellas que defienden los derechos de la mujer y la tierra. Imagino que tiene que ver con una interpretación simbólica de la tierra (femenino, fértil, creadora de vida, etc.) con la que las mujeres se sienten identificadas. De igual manera, ambas son sujetas de explotación y violencia. En esta articulación encuentro una lógica conceptual. Así, por ejemplo, grupos feministas están en la lucha contra los transgénicos, y la red de mujeres indígenas para la protección de la madre tierra asiste con frecuencia a encuentros y reuniones feministas.

Creo también que otras causas se agrupan y desagrupan dependiendo del contexto y la pertinencia. Aunque todavía no veo una consciencia plena y generalizada de que los diferentes tipos de violencia y opresiones forman parte de una misma estructura que hay que cuestionar y transformar. Así, por ejemplo, desde mi perspectiva, la causa de los animalistas, así como aquellos que defienden a la infancia, o aquellas que promueven la despenalización total del aborto tienen más cosas en comunes que divergencias, pues el origen de la opresión y la violencia es el mismo para todas y todos.

¿Hasta qué punto las redes sociales y los medios digitales (blogs, plataformas) son relevantes en la Bolivia actual?

Creo que hasta el punto en que el internet es accesible o no a la población. En este sentido, en Bolivia la mayor parte de la población no usa o usa con muy poca frecuencia las redes sociales o plataformas digitales. En este contexto, el internet no es democrático pese a los esfuerzos de que así lo sea. Incluso, aquellos que tenemos acceso a la red tenemos limitaciones por la velocidad de este servicio respecto a otras partes del mundo. Esto es algo que tiene que cambiar y existen colectividades que promueven el uso de redes alternativas a las tradiciones, redes que te aseguran privacidad – por ejemplo, y el internet libre para todas y todos.

Pese a este panorama medio pesimista, creo que la población que tiene acceso como generadora de información y comunicación, y como receptora también, está generando importantes avances en el uso adecuado y responsable de las redes. Tenemos el ejemplo de La Pública.

¿Cuál es la relación entre los movimientos sociales tradicionales y los de nueva cuña? ¿Y con las estructuras políticas en general, cómo es el diálogo?

No soy experta en movimientos sociales. Puedo nombrar algunos movimientos tradicionales, principalmente aquellos relacionados con la oficialía. Están, por ejemplo, la organización de mujeres Bartolina Sisa, la Central Obrera Boliviana, entre otras. Desde mi experiencia en el activismo y el trabajo por los derechos de las mujeres, no he visto una articulación ni un interés de estos movimientos por la causa. Bartolina Sisa concentra su trabajo en la participación política de las mujeres, pero no necesariamente tienen una perspectiva de género, ni mucho menos una perspectiva feminista.

Si hiciéramos una mapeo político de los movimientos con causas “emergentes” de los últimos años veríamos que muy pocos tienen un poder alto de incidencia en las estructuras políticas en general. Algunos de estos movimientos, en el caso de las feministas, han dejado de lado su interés por interpelar directamente al Estado a través de la incidencia política; prefieren hacerlo a través del trabajo directo con la población y el cambio en las pequeñas estructuras políticas que representan sus comunidades (tan pequeñas como sus familias y grupos de amigos y amigas).

¿Cuáles han sido las campañas más relevantes de los últimos años? ¿Algún hashtag que valga la pena estudiar con detalles?

La fuerte ola de violencia contra las mujeres, los altos índices de feminicidios han situado la temática como algo central en la agenda pública, en los medios de comunicación, en la población en general e, incluso, en las áreas artísticas y culturales. Cada día son más las personas que se sienten identificadas con la causa. Lo mismo ocurre con los derechos de los animales, por ejemplo.

Desde hace poco me intereso en los hashtags, y lo que me parecen interesantes son: #Cuantasmas (centrada en datos y estadísticas de violencia y feminicidios), #Feminicidio, #DespenalizaMiDecisión (muy reciente, pero que está teniendo buena acogida y tiene que ver con la despenalización total del aborto), #TodassomosRenee (respecto al caso de la ciudadana norteamericana violada en el pueblo de Samaipata).

¿Cuáles han sido las campañas (y qué peticiones) más relevantes alrededor de la cuestión de género? ¿Cómo dialoga el feminismo con los otros movimientos sociales?

Creo que la petición más importante ha sido la de detener los índices de violencia hacia las mujeres y, ahora mismo, la despenalización total del aborto. La primera petición produce más empatía y ha tenido apoyo de la población en general, aunque aún se siguen manteniendo muchos mitos y prejuicios que corresponsabilizan a las mujeres del hecho de violencia. Aunque sabemos que las leyes no necesariamente cambian los comportamientos sociales y culturales, sino más bien al revés, son esos comportamientos lo que deben cambiar y las leyes deben adecuarse a ellos. La promulgación de la Ley 348 ha significado, al menos para quien decide emprender el periplo burocrático y jurídico que representa, una especie de victoria, aunque mi postura es bastante más pesimista.

Ahora estamos en un momento en que las personas, a través de los medios de comunicación, las redes sociales y las movilizaciones, se dan cuenta de que es momento de dejar de pedir leyes y ejercer un fuerte control social a todo nuestro sistema jurídico y político. Así se han conseguido verdaderas victorias este último año: 25 años para dos de los 3 violadores de Renée Gurley, 30 años de prisión para Andrés Abastoflor en Sucre (era un caso complicado porque la familia de él tiene mucho poder político y económico), y otra serie de condenas en juicios abreviados por feminicidios. Sin embargo, la violencia pareciera no disminuir, lo que sí está cambiando –y tiene que cambiar- es la manera en que como sociedad la interpretamos, la toleramos y la interpelamos.

¿Existe apoyo mutuo por parte de otros colectivos, movimientos y de la sociedad civil en general?

Lo que me gustaría observar es, más bien, la fragmentación que existe entre movimientos con causas similares. Personalmente, me alarma la cantidad de fisuras que existen entre grupos feministas. Es difícil mantenerse al margen de un juego de poder. Creo que estas fragmentaciones van debilitando los diferentes movimientos. Las feministas no han logrado articularse fuera de sus subespacios con los que comparten una serie de códigos en común, pero olvidan que los otros subespacios persiguen, aunque muchas veces con estrategias distintas, los mismos intereses. Mientras estas alianzas no se consoliden independientemente de las etiquetas (de dónde provienes, cuál es tu género, eres o no institucionalizada, etc.), la lucha por una sociedad más justa es más difícil de sobrellevar.

¿Algún tipo de apoyo o ayuda de instituciones, colectivos, ciudadanía de otros países a las causas bolivianas?

Creo que hay muchas, y no podría nombrarlas todas, que funcionan de manera más invisible. No sabría decir cuál es su alcance y efectividad. Lo que sí tenemos es aún una cooperación financiera del extranjero que, dentro de sus áreas de interés, permite que diversas instituciones, colectivos, etc. puedan continuar su causa y dedicarle la vida a ello.

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