Las luchas históricas de América Latina como inspiración global

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Foto: Bernardo Gutiérrez

Cuando la crisis económica comenzó a golpear al planeta a finales de 2008, el todavía presidente de Brasil Inácio Lula da Silva acuñó una frase contundente: “la crisis es tsunami en Estados Unidos, y si llega a Brasil, será marolinha (una ola pequeña)”. El mensaje-mantra fue repetido hasta la saciedad. Y acabó de redondear la narrativa regional de una década: América Latina, tras años de gobiernos progresistas y de políticas públicas incluyentes, había conseguido reducir algo la desigualdad. Y quería proclamarlo a los cuatro vientos.

Lula no estaba hablando apenas de economía. La metáfora marolinha era la punta del iceberg de la década prodigiosa de América Latina. Narrativa o Storytelling en toda regla. La América Invertida, vislumbrada por el artista uruguayo Joaquín Torres en 1943, estaba transformándose en realidad. La América Invertida reloaded quería ser un planeta bocabajo, un rincón de esperanza. El mundo caía en el precipicio de la especulación financiera, América Latina escapaba de la voracidad del mercado. La ciudadanía del norte perdía derechos y conquistas sociales, América Latina construía su clase media. Los movimientos sociales declaraban la guerra a los gobiernos europeos, en América Latina se les abrían la puerta del Estado. El Estado del bienestar menguaban en el primer mundo, en América Latina los gobiernos aumentaban los gastos sociales.

En la América Invertida (versión 2008), la revolución ciudadana que tumbó a presidentes se convirtió en el marketing de Rafael Correa en Ecuador; los hackers que en el mundo son considerados antisistema trabajan para los Gobiernos en proyectos de software libre; los movimientos que llevaron al poder a Evo Morales marcan la agenda macropolítica de Bolivia; el grito plural del Foro Social Mundial nacido en Porto Alegre permea a la mayoría de los gobiernos de la región… La lista sería larga. El Continente Resiste Marolinhas, desde el inicio de la crisis global, quería observar el tsunami desde fuera, protegido por sus antídotos sociales.

Y por eso, cuando el año 2011 inauguró una era de revueltas en red (Primavera Árabe, 15M-Indignados, Occupy Wall Street…), la narrativa progresista latinoamericana volvió a marcar distancias. Nuestro ciclo es otro, decían voces relevantes de la academia y la política. La ola social de las revueltas en red también es marolinha. Y en cierto sentido, existían motivos para desmarcarse de la que muchos activistas denominaron #GlobalRevolution. El estudio World Protest 2006-13, elaborado por la Friedrich Ebert Situgn de Nueva York, colocó la zona más caliente del planeta, por primera vez en décadas, en el primer mundo, que tuvo un total de 304 conflictos. El Mediterráneo, donde se une la crisis del sur de Europa y el foco de acción del Norte de África y Oriente Próximo, es el nuevo epicentro de la tormenta perfecta. Pero también el laboratorio idóneo para reiventar la democracia, como apunta Adriá Rodríguez em su artículo Kairós. Reinventando la democracia en el Mediterráneo.

La tradicionalmente convulsa América Latina apenas tuvo 141 grandes conflictos en dicho periodo, según World Protest 2006-13. Por otro lado, el estudio La protesta en América Latina, publicado en el año 2012, dibujaba un cuadro de relativa estabilidad regional en el que los actores sociales tradicionales (sindicatos, partidos políticos, grandes organizaciones) seguían liderando la protesta y el Estado continuaba en el centro de la acción social. Los conflictos reflejados en este estudio tienen un cariz tradicional (transporte, tierras, tensiones étnicas, violencia, precariedad laboral… ). Y en ocasiones las peticiones de las protestas piden incluso “más Estado”.

Cuando estallaron las revueltas de Brasil, en junio de 2013, la mayoría de movimientos sociales brasileros y el propio Partido dos Trabalhadores (PT) se desmarcaron de cualquier semejanza con las revueltas en red que sacudían el mundo. Y explicaron las denominadas ‘jornadas de Junio’ como consecuencia lógica de las luchas del Foro Social Mundial, del lulismo o de la Central Única de los Trabajadores (CUT). Raúl Zibechi, en su artículo Debajo y detrás de las grandes movilizaciones (en el especial Brasil en movimiento) explica las jornadas de junio como una inercia de muchos añnos de movimientos populares y de una nueva “cultura de la organización”. Repasando la historia del Movimiento Passe Livre (MPL), Zibechi huye de cualquier tipo de explosión en red. Centra su texto en la periferia, la lucha de clases y los movimientos populares.

En Brasil, el ecosistema académico izquierdista, con algunas excepciones, criticó la falta de militancia de los vândalos (término acuñado por los medios contra los manifestantes de junio) e incluso criminalizó de forma genérica a los mascarados (grupos de Anonymous, black blocs o colectivos sin líderes que ganaban protagonismo en las redes y las calles. La socióloga Maria Elena Chaui llegó a llamar fascistas a los mascarados. El blogueiro progresista Eduardo Guimarães – de la esfera del Partido de los Trabajadores (PT) y Gobierno – llegó a acusar al 15M español de “agente derechista” para desestabilizar Brasil. La vieja izquierda recibió con recelo la explosión de Occupy Wall Street en la región. Algunos siguieron usando la cantinela de fuerzas-del-imperio-para-desestabilizar-a-las-izquierdas-del-bien.

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Foto: manifestación del Movimento Passe Livre (MPL) durante el Mundial de fútbol. 

Del Zapatismo al 2011 global

El ecosistema progresista de América Latina no estaba marcando apenas una distancia con las revueltas surgidas a partir del 2011 global. En muchos casos, iban más allá: algunos actores recurrían al dejá vú para explicar lo que ocurría en el mundo. Desde Argentina, muchos menospreciaban al movimiento 15M-Indignados de España por considerarlo una nueva versión de la ola de asambleas populares de 2001 de Argentina y del “que se vayan todos”. Desde Brasil, algunos ridiculizan a la ola Occupy porque el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) es el “mayor movimiento de ocupación del mundo”.

A pesar de que dicho distanciamiento era exagerado y no del todo acertado, la narrativa del contra flujo latinoamericano tiene una justificativa: el mundo estaba viviendo una agitación en parte inspirada por América Latina. El zapatismo abrió el caminó hacktivista con la campaña floodnet en 1998, creó una narrativa potentísima y se convirtió en una referencia totémica de los nuevos movimientos. El somos el 99% usado por Occupy tiene una remembranza al “debajo del pasamontañas no estoy yo, están ustedes”. La propuesta del Concilio de Radios (Spokes Council) de Occupy Wall Street fue inspirada en parte por los caracoles zapatistas, según el puertoriqueño Pablo Benson, participante de Occupy Wall Street en Nueva York. El “mandar obedeciendo” y las juntas del Buen Gobierno zapatista renacen en estos momentos en los frentes municipalistas de España (BarcelonaenComú, Ahora Madrid, Ganemos Zaragoza..), herederos del 15M. Los escraches de la Argentina de los años ochenta comenzaron a utilizarse de nuevo como táctica activista por el 15M de España. Las luchas por los bienes comunes del sur de Europa recuerdan a la guerra del agua de Cochabamba de 2001. La mismísima Naomi Klein, desde el Zuccotti Park de Nueva York ocupado por Occupy Wall Street, elogiaba la inspiración de la lucha de los estudiantes chilenos.

“En Occupy los zapatistas fueron un referente desde el comienzo, así como las asambleas populares argentinas y el foro social mundial. Había una conciencia bastante grande de que estábamos utilizando herramientas o estrategias heredadas de esos movimientos”, afirma a este blog Sofía Galisá, portoriqueña participante en Occupy Wall Street em Nueva York. “Me sorprendió gratamente es la humildad con que se absorbió el buen hacer de las activistas de América Latina”, afirma vía e-mail Ternura Rojas, boliviana involucrada en el 15M español y las luchas globales.

¿Continuidad o ruptura?, se pregunta Massimo Modonessi en su ártículo Postzapatismo. Identidades y culturas políticas juveniles y universitarias en México . La inercia nos lleva a buscar elementos comunes, herencias, linealidades. No hay duda: leyendo el discurso de #YoSoy132 durante la toma pacífica de las instalaciones de Televisa Chapultepec, reconocemos imaginarios y narrativas del SubComandante Marcos: “Cuando llegamos estaba el mundo y éramos un pueblo con hambre y con siglos de opresión. Éramos cúmulo de descontento, éramos fraudes electorales sin revolución, éramos Chiapas y 500 años sin nombre levantados en armas…”.

Pero hilvanar cualquier tipo de linealidad o inspiración directa entre las luchas históricas de América Latina y el 2011 global tampoco parece apropiado.

A continuación, algunos tuits para cuestionar la tan manida continuidad revolucionaria latino americana y su aislamento del resto del planeta:

 

El huracán 2011 también despeinó a la América Invertida. El primer tuit relaciona la #LeyLleras colombiana (censura de libertades digitales) y el 15M español. El segundo conecta las revueltas estudiantiles chilenas y el 15M. El tercero es sobre la participación de México en el día de acción global, el #15O (15 de octubre de 2011). El cuarto resume las acampadas que surgieron en Brasil tras el #15O y Occupy Wall Street. Tras el 2011, otros gritos / hashtag / acciones (#VemPraRua, #YoSoy132, #tomalacalle….) desordenarían profundamente la tan deseada paz social latinoamericana. Retomo algunas preguntas de la primera entrada de esta investigación: ¿Cómo se relacionan los nuevos movimientos o procesos sociales, como #YoSoy132 o los Movimiento Passe Livre de Brasil, con las denominadas protestas globales?”. Será el objeto de la próxima entrada de la investigación #tecnopolíticaLATAM.

 

*Esta entrada forma parte de la investigación #tecnopolíticaLATAM que realizo para OXFAM.

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