Mi paso por Medellin.cc

2 years ago by in Crónicas Tagged: , , , ,

He tenido el placer de ser uno de los Creativos Comunes del Festival Audiovisual Creative Commons Medellín. A continuación, un relato personalísimo y asimétrico de la experiencia. Una herramienta: la memoria. Una (des) brújula: no sirve la linealidad. Tampoco los parámetros cuantitativos. Objetivo: evitar un post insulso sobre mi participación en el festival. No vale la pena escribir sobre lo que fui a hacer. Mejor alumbrar lo que descubrí, las conexiones tejidas, los simbolismos y prácticas colectivas encontradas, los posibles caminos que han surgido.

Espacios en red. Lo primero que destacó de este festival auto gestionado es que ha sido itinerante. Sus actividades han ocupado, contaminado y coloreado diferentes espacios de la ciudad de Medellín. El primer día (28 de octubre) estuvimos en el Parque Biblioteca de Belén, realizando las dos primeras sesiones de los talleres. El colombiano Alejandro Ángel y el catalán Andreu Meixide arrancaron su Ignición digital y memorias remezcladas., centrado en audiovisual, remezcla y memorias afectivas. Fernando Castro (Fundación Karisma, RedPaTo2)  y yo inauguramos el primer aperitivo de nuestro taller Remix: política, espacio público y conocimiento abierto (aquí mi presentación). Por la noche, se proyectó una película en la calle, en el Boulevard Carlos E. Restrepo. El segundo día trabajamos en el espacio Por Estos Días, también en el barrio de Belén. El tercer día fue en el Proyecto NN, en el barrio de San Joaquín. El último día estuvimos en Casa Tres Patios. Aunque cambiar de sede tiene algún problema – difícil fidelizar al público- , la fórmula me gusta. Los invitados conocen espacios de trabajo colectivo, proyectos locales. Se genera diálogo con diferentes comunidades.

Transversalidad. Quizá lo maś interesante del Festival Audiovisual Creative Commons Medellín sea su transversalidad: no sentí en ningún momento que el adiovisual fuera el epicentro. Los diferentes talleres, charlas y encuentros versaban siempre alrededor del conocimiento libre, las licencias libres, la remezcla, la cultura libre, los territorios participativos. Vivimos en la era de la polinización cruzada (acá un texto mío antiguo sobre ello), del pensar-crear fuera de la caja. Y los formatos habituales de los festival (mesas redondas, conferencias…) no ayudan a desdibujar nuestras certezas y prácticas.

Cultura libre y territorios. El desafío colectivo que nos propusimos los participantes fue el aterrizar la cultura libre en los territorios. Es un eslabón perdido, una cuenta pendiente de la cultura libre. Mostré algunos casos de aplicación del imaginario y prácticas del código abierto en el territorio (como el Banco Guerrilla de Todo por la praxis). También compartí los Once principios de la inteligencia ciudadana, que redactamos en el proyecto SmartCitizens.cc. Y en general, navegamos por ese puente y/o flujo de redes digitales y territorios, no siempre conectados con pŕacticas libres. Casi todos los debates e ideas para trabajar chocaban de lleno con el modelo de innovación y emprendedurismo (próximo punto) que las diferentes capas del poder público han generado para la ciudad de Medellín.

Innovación vs Innovación Social. La ciudad de Medellĩn ganó hace dos años el premio a la Ciudad más innovadora del mundo.  La muerte de Pablo Escobar propició un rodillo de inversion pública en infraestructura (biliotecas, metro). Infelizmente, lo público suele llegar de la mano de lo privado. La pacificación, en algunos casos con mega intervenciones como la operación Orión de la comuna 13, desemboca en un romance público-privado en el que al final siempre gana Microsoft. Fernando Castro nos recordaba como la alcaldía de Medellín le cedió edificios gratis a Hewlett-Packard Company (HP).  O como le ha dado el control tecnológico de las calles a empresas israelitas, algo que viene denunciando el colectivo Antena Mutante. Escuché con preocupación un témino que nunca había oído: la economía naranja. En el momento en el que la economía creativa hace aguas como narrativa, el sistema ya ha dado un paso al frente. En la Colombia que se vende al mundo como un nuevo territorio de paz, a economía naranja es un nuevov troyano neoliberal que continúa la senda de la economía creativa que transforma la cultura en productos, en consumo, en competición, en copyright. “¿Cómo empezar a construir con otras industrias creativas, donde la propiedad intelectual sea reconocida y el esfuerzo de cada artista y creativo sea valorado?“, se preguntan en un edulcorado texto sobre la economía naranja.  Preocupante pregunta, abordaje y término.

Bibliolabs. Entre los muchos proyectos que conocí, destaco uno: bibliolabs.cc, “territorios de código abierto y colaborativo”. Vinculado al tan elogiado sistema de bibliotecas públicas de Medellín, este proyecto surgió desde abajo, propuesto por hackers y activistas. Y despliega lo mejor de la práctica de la cultura lab: co-creación, herramientas libres, participación territorial.

 

Hiperbarrio. Tuve el placer de conocer al colectivo @ConVerGenTes (#FF para ellos), en La Loma, un territorio que estuvo décadas sin aparecer en los mapas oficiales de Medellín. La primera piedra del proyecto fue el HipeBarrio, para visibilizar los imaginarios de La Loma, incentivar el intercambio y potenciar las herramientas libres. Vale la pena ver el pequeño documental.

Colaboratorio.  Del gigantesco Parque Explora, un centro cultural que gira alrededor de la ciencia, destaco el Colaboratorio, que está todavía en fase embrionaria: “Taller público de experimentación del @ParqueExplora. Un espacio para prototipar ideas, equivocarse y aprender haciendo”. La tensión con la propia lógica del Parque Explora está servida. Lo hacker y lo libre piden paso. Pero el riesgo de apropiación de narrativas y métodos colaborativos de los movimientos es real. Por la implicación de algunos activistas de la cultura libre en la gestión del parque, creo que podemos ser optimistas.

El post acaba y todavía no he hablado de audiovisual, cine, documental. Pienso que no es necesario. El trabajo de quienes nos enredamos continúa en un PAD, prueba de que una red humana ha sobrevivido al formato festival.

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