Se busca relato de época

10 months ago by in Subjetividades Tagged: , , , , , , ,

Se busca relato de época. Se busca la atmósfera que reagrupe los fragmentos dispersos de nuestros tiempos. Se busca la narrativa de nuestra era: un tiempo en el que el crujir del sistema es tan ensordecedor que todo parece en silencio. Si vives en España, y concretamente en Madrid, es muy posible que ya no leas / veas los medios de comunicación tradicionales por una sencilla razón: no reconoces tu mundo, tu día a día, tu vida y la de los tuyos, en ellos. Cuesta creerlo, pero no existe ningún medio de comunicación de masas en España que esté contando el mundo que está naciendo tras el terremoto del 15M, tras la oleada municipalista que conquistó los principales ayuntamientos del país. Se habló algo de la irrupción de Podemos y sus confluencias, pero siempre de forma “macro política”. Después, el sistema fabricó un bucle perfecto de Elecciones – No Gobierno -Nuevas Elecciones – Vacío: fabricó desafección. Y un relato del No Cambio: aquí no ha pasado nada, el bipartidismo gobernará, regresará siempre. Todo sigue igual.

El relato del No Cambio y la apisonadora de los medios alimentan el bucle infinito. Peor aún: pretenden que nadie salga del bucle. Le llaman impase político: fingen que nada ha pasado, que las reglas y sentidos comunes de la Cultura de la Transición siguen vigentes. Ya sean medios de izquierda, de extremo centro (excelente artículo de Íñigo F. Lomana sobre prosa “cipotuda” y extremo centro) o de derecha, su diablo está apenas en los pequeños detalles. Hablan de sillones parlamentarios, de macro economía, de pactos, de “qué dicen” los políticos. Su mundo es un repertorio de noticias urgentes. Nadie explica que la irrupción del 15M primero y el posterior asalto a la política representativa ocurrió por un contundente cambio de subjetividades y formas de (auto) organización. Nadie dibuja atmósferas, olores, conversaciones de bar, paisajes del cambio. Apenas titulares informativos u opinión sesuda y repetitiva. No me asunta apenas la “prosa cipotuda” y ese consenso del extremo centro, “que hace referencia al mejunje de sentido común, costumbrismo arcaico y falsa despolitización”. Me asusta que cuando hay crónicas (definidas como ‘Crónica’) sobre “foros de economía progresista” ni siquiera se cita la ciudad donde tienen lugar. Se da por hecho que la realidad, la ciudad, la gente, existe. Da igual que sea Madrid que Valladolid: todo es un gran vacío, un consenso único ¿Para qué describir la realidad? ¿Para qué preguntar a la gente qué piensan / siente / hacen? Cuando el comité federal de un partido sustituye informativamente a la realidad de un país, tenemos un problema.

Es verdad que puede que sea yo el problema: miro desde el otro lado, desde el regreso, desde las miradas ganadas en la distancia, lejos de España. Veo todo con cierta panorámica y consigo ver la foto que muchos no ven por una sencillísima razón: están dentro de la foto. Pero me da a mí que el problema no soy yo. Tampoco exclusivamente los medios españoles: es un conglomerado de intermediarios, de monopolizadores del discurso, de núcleos académicos que interpretan la realidad con las lógicas del siglo XX, de programadores culturales, de élites caducas que se resisten a retirarse. Intelectuales alejados de nuestra época, de los micro relatos de nuestra época, de los formatos de nuestros tiempos que dinamitan (casi todos) los cánones previos.

Ayer asistí a un debate sobre cine en el espacio Ecooo de Lavapiés, en Madrid. Fui a escuchar en directo al mítico cineasta argentino Pino Solana y a la chilena Cecilia Barriga, autora del excelente documental Tres instantes, un grito. Y me llevé la sorpresa de que la charla estuvo intermediada por el conglomerado del inmovilismo. Bastante triste escuchar a Ángeles Díaz, directora del curso Cine, fotografía y vídeo político y social de la Universidad Complutense de Madrid, arremetiendo contra las redes sociales, contra los nuevos formatos, contra lo que ella definió como “no autoría” (algo que en realidad es “autoría colectiva” o “identidad colectiva”). Cuando Pino Solana mostraba interés por los nuevos lenguas y los 140 caractéres de Twitter, Ángeles despreciaba cualquier nueva forma: todo era banal, superficial, vacío, simple. Ella, ellos, elogiaban los “haikus” por encima de los tuits. Y su capacidad de “síntesis”. Ellos,  los creadores de verdad; nosotras, el lumpen de las historias transversales, los de abajo.

Menos mal que Cecilia Barriga intervino compartiendo entusiasmo por lo nuevo y nuestros tiempos. Y recordando que de los veinte documentales hechos sobre el 15M en España ninguno ha sido exhibido en la televisión. Levanté la mano e intervine brevemente. Apenas intenté explicar que en los 140 caracteres de un tuit cabe un link. Y en el link, el mundo: toda la filmografía de Pino Solana, todos los tiempos de la humanidad, todos sus lenguajes. Todos los haikus del mundo. En un tuit cabe un vídeo, una foto, miles de ellas: cabe todo. Y las interacciones: la red es la continuidad de los parques de Cortázar, elevado a la máxima potencia, susurré.

También compartí el fenómeno de los vídeos virales de Playground, procesos cinematográficos abiertos como el documental de Stéphane Grueso (Excelente. Revulsivo. Importante), documentales realizados de forma distribuida, autónoma e independeinte, commo La Educación prohibida. Y abrí el melón, sin mucha suerte, de la autoría colectiva, de la remezcla, del reuso del material autoral, de la inteligencia colectiva. Pino sonreía, estaba a punto de hablar, pero le quitaban el micro: para qué dejarle terminar, meditar, soñar. Bienvenido al relato del inmovilismo de Españistán, Pino, porque todo tiempo pasado (la Transición, los boyantes noventa) fue mejor

Los cineastas también tienen responsabilidad en el falso impase político y social que los medios de comunicación siguen fabricando en España. ¿Dónde han estado los cineastas en los últimos 5 años, especialmente los de ficción? ¿Por qué no hay ficción sobre el 15M, las Mareas, el municipalismo, el cooperativismo, las monedas sociales, los dispositivos ciudadanos (gran concepto, gracias Simona Levi) o el furor de lo compartido? ¿Y dónde han estado los escritores? Salvo La habitación oscura de Isaac Rosa (excelente, pero pesimista) poca ficción se ha publicado sobre lo que ocurre, sobre el cambio. Poco paisaje, poca calle, poca realidad, pocas vidas existentes. ¿Cuál es el relato de nuestros tiempos? ¿Cómo lo construimos? ¿Lo necesitamos de verdad?

El jueves pasado charlé con Rubén Caravaca, activista, agitador cultural y uno de los mejores termómetros sobre todo lo que pasa en Madrid, sobre esta falta de relato. Sobre las culturas y vidas que fluyen en los barrios de Madrid, lejos de los focos culturetas, políticos y mediáticos. Rubén me contaba el caso del grupo ochentero Esplendor geométrico, banda electro de culto global cuyo secreto estuvo en el boca a boca, en las cintas que circulaban de mano en mano, de su estrategia cassette a cassette. Algunos acaban de descubrir recintemente a Esplendor geométrico, ninguneados por el relato oficial de La Movida madrileña. Algunos descubrirán en el 2040 que un grupo asturiano llamado Stormy Mondays, un grupo independiente y copyleft, consiguió que su canción Sunrise Nº 1 volará con la misión 25 de la NASA al espacio, porque fue la canción más votada del mundo. Algunos descubrirán en 2040 todo lo que estamos viviendo. Seremos un fenómeno de culto que nunca salió en los medios

Rubén sostiene que “está sobrevalorado el centro y totalmente olvidada la periferia”, que “invertirlo es el reto, solo hay que dejar fluya y ponerlo en movimiento/circulación”. Rubén y yo llegamos a la conclusión de que no valía la pena cocinar un gran relato, el relato único. Tampoco organizar lo que ocurre bajo el paraguas de grandes narrativas. Con colocar altavoces (metáfora,¿vale?) en los barrios y escuchar esas voces, esas vidas, con visibilizar lo que está ocurriendo, sería suficiente. Y ahí se necesita más apoyo de lo público, no tanto recursos como voluntad política.

Y es que muchos en 2040 tendran que ser verdaderos arqueólogos de Facebook, Twitter, Instagram y la deep web, si es que queda algo de este planeta, para escudriñar el relato de relatos de nuestros tiempos, de este Madrid efervescente, under, colectivo, mestizo y rebelde que no aparece ni en los medios ni en el cine ni en la literatura. Hace tres años publiqué un texto que intuía esta re-movida y crujir sistémico, La comuna P2P de Madrid. Pero todo ha dado un salto, ha ido más allá, ha desbaratado previsiones. El ecosistema del común y de las autonomías ciudadanas, la creatividad en red, los gobiernos del cambio municipales y esa sensación de colapso sistémico de la España sin gobierno configuran el paisaje perfecto para este relato de época invisible. Un relato de relatos, de historias fragmentadas, de poéticas descentralizadas, de vidas, de formas de hacer, de afectos compartidos, de ruinas con las que construir cualquier cosas menos lo que existía hasta antes de la crisis. No reconstruyamos nada, por favor. Los escombros están llenos de nuevos mundos.

Los arqueólogos digitales de 2040 tendrán la árdua y fascinante tarea de encontrar los fragmentos de la España del cambio. Del Madrid efervescente, under, colectivo, mestizo y rebelde que no sale apenas en los medios (ok, sale en algunos rincones de eldiario.es, en fogonazos sonoros en Carne Cruda, en Mongolia y sus musicales, en algún blog de El Confidencial, en El Estado Mental, en Playground, en rincones de otros medios). Solo mis últimos meses de deambuleos y (re)encuentros, tras cinco años fuera yendo-viniendo, contienen algunos de los paisajes del relato de época ausente en el main stream. Imaginad, no mi muro de Facebook, Instagram o Twitter, sino millones de muros. Vidas de gente (mucha) que ya vive, piensa y actúa de otra manera.

Derivas situacionistas sobre la ciudad queer, soundsystems itinerantes en encuentros de arquitectos que trabajan con lógicas hacker, solares públicos auto gestionados por niños con megáfono en mano (Almendro 3, Latina), el Centro Social La Dragona que ha ocupado el mismísimo cementerio de La Almudena (con hackerspace incluido), la playa lúdico-festiva de La Gasoli (una gasolinera abandonada transformada en centro social, huerto y lo que surja), abuelos ecuatorianos y hacktivistas en fiestas comunales en La Casa Roja (estudio de cine ocupado), el banco expropiado La Canica (una antigua sucursal de Bankia transformada en centro social), la fiesta Hallooween tropical con Djs de cumbia en el banco expropiado la Bankarrota (Moratalaz), radios comunitarias tejidas en terrazas de Lavapiés, centrales solares auto gestionadas en Orcasitas, el techno bailable de las fiestas de LA PAH de Vallecas durante la Batalla Naval, el Cinema Usera tejiendo barrio y cine al aire libre. Y los Yayoflauras, con su constante revolución geriátrica, la primera del mundo. Y los trabajadores de tele marketing, organizándose por primera vez como precariado en huelga, inaugurando resistencias en la era del post trabajo. Y los hombres, que cinco años después del 15M siguen hablando en femenino en las asambleas y espacios comunes. Y el lema You Gotta Party for your rights, evolución fiestera de las plazas ocupadas, con un papel clave en la dinamización de espacios culturales públicos (Matadero). La revolución será una fiesta o no será, como suele recordar Rubén Caravaca.

Y los mercados, el San Fernando y sus libros al peso y su baile dominguero y su WIFI livre y su estudio de arquitectura (el PEC) entre puestecillos de toda la vida. Y el Kookmet, una fantástica cocina móvil hecha en el Medialab-Prado, artefacto clave del proyecto que incentiva cocinar en los mercado, en común, compartiendo conocimiento, remezclando latitudes, nacionalidades y sabores. Y el maratón de actividades ciudadanas contra la losa de la gentrificación, contra la mercantilizacón de los barrios.Ahora, se viene la batalla de Lavapiés. Y no lo tendrán fácil, no. Y eventos globales contestarios, como el Contested Cities.

Y por no hablar de cosas que podrían parecer evidentes – la cosa pública – que casi no sale en los medios. A pesar de que ser esperaba un mayor ritmo del cambio en el ayuntamiento de Madrid, Ahora Madrid, con todos sus errores, ya ha hecho historia: rompió contrato con las agencias de rating que monitoreaban (forrándose) la deuda, democracia directa y vinculando y 60 millones en presupuestos participativos de abajo a arriba, cambio de las claúsuls de contratación (se prima el proyecto más sostenible en empleo y medio ambiente), descentralización cultural en los barrios, cesión de espacios a la gestión ciudadana (a pesar de algunos nubarrones y contradicciones con centros sociales ya existentes), la secretaría de economía que se instalará con 2.000 funcionarios en un espacio (el mercado de frutas de Legazpi) donde habrá auto gestión ciudada también… En enero, ganará el sí en la propuesta Madrid 100% Sostenible, primer caso de democracia directa, que implicará, entre otras cosas, que toda la energía de los edificios públicos tiene que ser sostenible. Los medios publicarán algo cuando ocurra, buscando siempre la polémica. Las otras ciudades del cambio, van incluso más rápido en muchas cosas. Barcelona está dinamitando los consensos del mercado en cuanto a vivienda, experimentando incluso con el derecho a uso. Suma y sigue. Ni el adentro ni el afuera se están contando bien en los medios. Pero volvamos al afuera, a las calles y a las subjetividades.

Los arqueólogos del futuro fliparán sobre todo lo que no se contó: sobre la bailonga Fiesta Furiosa feminista, sobre los desbordes gráficos que descolocan cada cita electoral, sobre los festivales de electrónica feminista como She makes the noise, sobre fanzinerismos miles (hola, Andrea Galaxina), sobre el reguero de espacios autónomos mapeado en Los Madriles (y los que quedan), sobre presentaciones de libros en formato Ruta Nocturna Con Megáfono en Mano (hola, La Felguera), sótanos con multitudes bailando swing, hogueras de San Juan con gente quemando festivamente la reforma laboral o la ley mordaza, fiestas y barras ilegales en casas de gente, activísimos colectivos cumbia resucitando antros (hola La Imperdible), cine mudo con DJs u orquestas, misas laicas con Leo Bassi en el Paticano, la obra de teatro Hazte Banquero sobre las tarjetas black con 15MpaRato y la corrupción de los partidos, un garaje en San Blás como manantial cultural, radios comunitarias que emiten programas en guaraní, quichua, mandarín o swahili, por citar apenas algunas lenguas, desde varios rincones de Madrid.  Y Julian Assange proyectado en el pantallón del Museo Reina Sofía durante el encuentro Ciudades Democráticas, charlando con el hacker Pablo Soto, jefazo de participación del Ayuntamiento (quién diría). El ParticipaLab, enredando inteligencias colectivas planetarias en la democracia, surgiendo en MediaLab Prado. Dj con dub en los huertos urbanos. Encuentros de Arquitecturas Colectivas con derivas táctiles. Hackatones de los datos de la mismísima Empresa Municipal de Transportes (EMT). Fiestas coloridas alrededor de datos abiertos en la que la gente se da de la mano y los cuerpos se abrazan (gracias Vizzuality). Y esas fiestas en terrazas o conciertos de jazz en hall de hoteles que fascinan al corresponsal de Monocle en Madrid. Y vecinas, cada vez más, que encendemos la luz y recibimos energía renovable gracias a la creciente ecosistema de cooperativas. #MeCambio, la caja de la economía social, como horizonte del pasado mañana, de lo que viene mientras cambiamos. Y etc. Y no es apenas Madrid, son casi todas las grandes ciudades.  Y los medios y ventríluocos de la Cultura de la Transición imponiendo su No Relato. Menos mal que la revista Ajo Blanco, especialista en visibilizar relatos de época, está a punto de renacer en su tercera existencia.

Los arqueólogos del futuro, rascando en los sótanos digitales, fliparán con todo lo que no se contó. Y le darán la razón a mi amigo Alberto Nanclares, de Basurama, que hace poco me mandó un audio en Telegram, no exento de mosqueo: “Esta época debe leerse al revés. Desde el mundo hacia el gobierno. Hay políticas públicas útiles, pero ya hay mucha gente viviendo de otra manera, jugando de otra manera, relacionándose de otra manera. Hay un desfase entre los marcos que ofrecen los gobiernos y esas otras vidas de las gentes”. No hay (todavía) relato de época. Faltan series de televisión (o de You Tube), novelas, películas, cómics, virales, teatro, festivales y medios de comunicación que cuente el cambio de piel de España.  No hay (todavía) relato de época. Pero existen las vidas de las gentes, sus subjetividades. Un nuevo sentido común, una nueva lógica que explica la realidad, que nos explica y nos transforma al mismo tiempo.

Y acabo con un párrafo que leí esta mañana en el muro de Facebook de otro amigo, Sergio Salgado. Es un texto de George Orwell sobre la guerra civil española que describe, casi a la perfección, ese No Relato de este 2016 que agoniza. Ha sido la chispa que me ha empujado a escribir este texto: “Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas “líneas de partido”.

*Por aquí dejo algunas fotos de mis deambulajes  de estos meses por Madrid. Fotos caseras, móvil en mano, aunque hay alguna prestada. Son una mini prueba de que esas vidas existen, de que existimos a pesar del falso impase tejido por los medios y el oligopolio del inmovilismo. Estamos cambiando. Cambiaremos todo.

 

republicaninos

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